Tuesday, March 17, 2009

Familias homoparentales

“Somos un grupo de Familias Homoparentales, algunas con hijos, otras en camino de tenerlos, que nos reunimos con el objetivo de aunar recursos, y fuerzas, para abogar a favor del reconocimiento de nuestros derechos y de los derechos de nuestros hijos.
Lamentablemente nos encontramos con la carencia de un marco legal que nos ampare y con un amplio desconocimiento sobre las Familias Homoparentales.
Pretendemos aportar un marco de referencia sobre los temas relacionados con las familias como las nuestras; sobre las problemáticas, inquietudes y necesidades a las que nos vemos enfrentadas cada día, para así poder allanar el camino de quienes nos sucedan”. Esta es la presentacion del sitio http://www.familiashomoparentales.es.tl espacio creado para poder informar, ayudar, trabajar y asi lograr nuestros objetivos.

Desde ya agradecemos vuestro apoyo y sus aportes. Esperamos poder contar con quienes deseen sumarse al proyecto, seran bienvenid@s a trabajar en equipo.

Un calido abrazo.

p.d: el dibujo fue realizado por Mónica Carretero.
MUY FELIZ DÍA DEL NIÑO A TODOS NUESTROS NIÑOS Y PRINCIPITOS!!!!

Universo Tinchi

Triana, Tato y yo estamos embarcados en una nueva aventura: un universo atemporal plagado de momentos mágicos, principitos, sonrisas simples, baños multitudinarios, explosiones estomacales abruptas, trompitas con carita de monito curioso…
Tato: unos ojos verdes profundos llenos de incógnitas, que nos miran, que ve en su pequeño hermano la fiel copia de lo que él deseaba como compañero de toda una vida… y ahí están juntos, abrazados, tirados en la cama, esperando que hable, que juegue, que comparta, mientras paciente tira pañales sucios, alcanza toallitas, el jabón de glicerina… Sorprendentemente no duda de nuestro amor, no siente celos, tolera que el cansancio a veces nos juegue una mala pasada, diciéndonos: “¿Están malas porque están cansadas?”, perdonándonos siempre.
Tinchi: ojitos marrones pícaros, luminosos, boquita con formita de “o”, dando pequeños soniditos como de delfín. Pequeña bolita amorosa “hace pis y caca”, manos grandes, un Tato en miniatura. Actual despertador de nuestros días.
Triana: compañera de la vida, única persona en el universo con la que hubiese podido armar esta hermosa familia. Dadora de amor, de regalos, de caricias, madraza con capacidad amatoria máxima, superior a la mía. La amo y la admiro.
Yo: acá estoy, sin dormir, pura teta, demandante de amor, compartiendo mi felicidad con ella y los principitos, sorprendiéndome todavía de la capacidad que tenemos como madres de multiplicar nuestro amor en dos hijos.
Posted by tomas_e at 17:14:21 | Permalink | No Comments »

La abuela Italia le escribe a su nuevo nieto

A Tinchi:
Sol de tus mamis,
Que amor te han de dar.
Naciste y te vi,
Que inmensa emoción,
Abrazarte y tenerte,
Que gran sensación.
Osito pequeño de mamá y mamá.

Felices están todos,
En este lugar.
Recién ha nacido,
Al mundo ha llegado:
Mi nieto preciado,
Divino, precioso.
Osito pequeño de mamá y mamá.

Recuerda mi niño este hermoso lugar,
Increíble momento en que has de mamar,
La nutriente leche que te da mamá.
Amor verdadero,
Único, incondicional…
Disfruta todo esto.
Osito pequeño de mamá y mamá.

Con amor, de tu abuela.

Desenlace

Los días anteriores a que Tinchi naciera llegaron con mucha adrenalina, energía, internaciones, preparativos abruptos de un nacimiento que terminó adelantándose.
Tuve que estar internada por un problema de salud, con todo lo que implicó: Tato quedándose en casa con familiares, Triana corriendo de un lado a otro para estar con ambos, la preparación del bolso llena de dolores que no me permitían ni dormir, ni comer (cólicos renales), la confección de un documento donde ponía mi voluntad de que Triana se hiciera cargo de ambos niños si algo me sucediera.
Decidimos que el bebé naciera en la semana 37, aprovechando que un medicamento administrado me alivió un poco mi dolencia. Así fue: con los bemoles que muchas de nosotras tuvimos o tendremos que pasar, que nos causan mucha angustia… a Triana no la dejaron pasar a la cesárea, ni siquiera pudimos despedirnos. Igualmente me sentí muy unida a ella… la conozco, me sorprende y una de las cosas que hizo fue enviarme golpecitos a través de la pared mientras me realizaban monitoreo.
No se cuánto duró el parto, recuerdo cuando sacaron a Tinchi y lo vi: hecho una bolita como había estado dentro de mí, moviéndose apenitas como despertando de un dulce sueño. Es hermoso, muy parecido a Tato.
Mi compañera de años pudo verlo apenas salió del quirófano y lo llevaron a la nursery, no hizo falta que le dijeran nada, era su hijo ese que salía en una cunita, ella no paraba de sonreír, enviar mensajes de texto y llamar avisando que todo había salido bien.
Estuvimos internados varios días, recibiendo muchas muestras de afecto de la familia y de muchas de ustedes, gracias.
Tato lo conoció y está feliz (ya escribiremos sobre esto, merece un post aparte.)
Hoy es el 3º día (creo) que estamos en casa: hay un lío de horarios, de pañales, de todo… en las noches nuestra cama está plagada de hijos que bajo cualquier excusa buscan estar aunque sea un ratito (si… Tinchi aprendió que si llora por la teta, hay posibilidades posteriores de quedarse en la cama grande) pero esencialmente en los segundos que nos quedan con Triana, solo nos miramos y sentimos que tenemos una felicidad que nos supera, que tenemos una familia como nunca soñamos que seríamos capaces de lograr.
Posted by tomas_e at 17:12:54 | Permalink | No Comments »

Baby Shower y reunión de trabajo

Nunca pensamos que este tipo de reunión se convertiría en algo tan importante… pero este período de nuestras vidas hace que nos volvamos más sensibles, más necesitadas de mimos. Al principio no sabíamos muy bien de qué se trataba, nos fuimos informando y la idea en nuestras cabezas fue tomando forma.
El fin de semana esperado: llegaron de a dos, parejas de lesbianas con hijos o en camino a tenerlos, compañeras conocedoras de lo que se siente en este momento, del logro de poder estar tan cerca de ser madre. A medida que ingresaban fueron entregándome diversos obsequios para Tinchi, algún otro para Tato, mientras organizaban rondas de mate y cosas dulces.
Ese día no estaba muy bien de salud, pero pude disfrutar de las horas, contando experiencias, hijos, compartiendo ganas de hacer cosas para nosotras y nuestra familia. Me cuidaron, me mimaron, no dejaron que me levante del sillón donde las observaba a todas… Tuve una sensación increíble: la de no estar sola en este tipo de familia que con Triana hace años decidimos tener.
Este encuentro no terminó allí, pudimos desarrollar la 2º reunión laboral, respecto a las diversas problemáticas que nos atañen: a nivel legal, social, con “el objetivo de aunar recursos y fuerzas para abogar a favor del reconocimiento de nuestras familias…” pretendiendo ”… aportar un marco de referencia sobre los temas relacionados con las familias como las nuestras; sobre las problemáticas, inquietudes y necesidades a las que nos vemos enfrentadas cada día, para así poder allanar el camino de quienes nos sucedan…” y continuar con lo que hace más de un mes hemos empezado.
Y vuelvo a la sensación del principio, cuando entregaban los presentes… eran como ofrendas para el nuevo ser que llegaba, era como un acto sagrado… dar vida es verdaderamente un milagro que a una la convierte en dios.

Gracias por estar esta semana tambien, a ustedes, que nos acompañaron justo cuando las necesitamos con llamados, mensajes de texto, ofrecimiento de ayuda…
GRACIAS!!!!
Tinchi esta cerca.

Preparando el nido

Las visitas a la obstetra son más seguidas ahora, incluyendo monitoreo fetal, medición de panza, riesgo quirúrgico para mí, marcándonos que sólo faltan días para verle la cara a Tinchi. No paro de subir de peso, los que me rodean me dicen que ya es tarde para preocuparse, o para retarme.
Estamos felices los tres, la familia entera. Uno de los abuelos: mi papá junto a su esposa (una de las abuelas), nos trajo de regalo pañales como para 6 meses y otra de las abuelas: mi mamá, junto a su esposo (otro de los abuelos) el fin de semana pasado nos obsequió el cochecuna para que su nieto menor pudiera pasear apenas pueda.
La llegada de Tinchi es inminente.
Triana comenzó a modificar cosas de la casa: realizó una mesa, una escalera, puso cuatro muebles en la cocina, está haciendo lugar para poner la cuna, hizo espacio en el placard para las cosas del bebé. Está preparando el nido.
Tato está más demandante, como suponiendo quizás que pronto nos compartirá, pero está cariñoso, es que es un buen tipo, un amor de persona, ayer estaba cansada y me obligó a recostarme un rato.
Yo, la mamá gestante, sigo empollando, intentando comenzar mi duelo por la panza que pronto no tendré, preparando el bolso para llevar al hospital el día del parto, acomodando la ropita según los tamaños, tomando valor para la anestesia peridural, hablándole mucho para que cuando esté afuera, al escuchar mi voz se sienta más tranquilo.
Posted by tomas_e at 17:11:42 | Permalink | No Comments »

Posted by tomas_e at 15:41:17 | Permalink | No Comments »

La cola se hace hacia la derecha, y por favor, no amontonarse. Es posible que no haya suficientes mujeres piscis como para que cada chica tenga la suya pero eso no es razón para indisciplinarse. A primera vista es el sueño de todos las mujeres desde que van a la escuela primaria. Admitamos que la mujer actual independiente y emancipada ha hecho subir los valores de la mujer piscis. Las recatadas, bonitas y desvalidas criaturas de neptuno tienen que ahuyentar las mujeres a palos. Y no es extraño, rara vez tratan de hacer sombra la mujer que está a su lado. Con alegría en el corazón deja que ella le aparte la silla, le ponga el abrigo y llame al taxi. Lo único que quiere es que tu la protejas y te ocupes de ella. Es una calma y acogedora balsa de tranquilidad para el orgullo de cualquiera. En invierno usa guantes de angora, en primavera faldas pulcras y vaporosas y los veranos en minúsculo bikini. En otoño verá el partido con las manos en tus bolsillos y preguntándote como va, eternamente femenina en cualquier estación del año. Diría y me quedo corta que algunas chicas van a ella como las abejas a la miel. Ella te convencerá de que tu eres la mejor, de que nunca tienes la culpa de nada, aunque ya en pareja quizá te de algún codazo, mas de uno seguramente pero la culpa es tuya, Piscis es, en ese aspecto, la mujer más peligrosa de todos los signos zodiacales! Se adapta con facilidad a situaciones conflictivas que destrozarían los nervios de cualquier otra persona. De piscis se dice que es un mar, profundo y misterioso donde van a desembocar todos los ríos. Si conoces algunos de sus evasivos secretos tendrás mas oportunidades de pescarla, dime… que es lo que la hace nadar? Ante todo sepas que es sutil, no solo sutil si no a veces un poquito engañosa cuando practica su arte de enredar a mujeres en sus zarcillos de esmeralda. Claro, tu quizá conoces a una que luce delantal y sonrisa tímida, la síntesis suprema de la mujer consagrada. Pensarás que ni es sutil ni es engañosa, pues perdona pero te equivocas, pero por otro lado es deliciosamente imprecisa y soñadora. No entiende nada de economía política pero se las arregla para vestirse como si saliera de la opera, prepara frecuentemente comidas de siete platos, paga el alquiler a tiempo y para fiestas hace unos regalos increíbles, todo eso con unos ingresos mas que bajos. Se gana el amor y el afecto de todo el que la rodea hasta del dueño de la casa. Solo tiene un enemigo, aquella a quien rechazó para irse contigo y cuyo nombre dudo que ella recuerde.

Adaptado del Libro “Los signos del Zodiaco y el Amor” de Linda Goodman

Historias de Lesbianas - 12

Dos mujeres

“Dos mujeres que nunca se llegaron a conocer. Dos mujeres que abandonaron el mismo día el hotel, odiando volver a la rutina, viendo partir a la otra en un taxi, preguntándose qué habría pasado si yo… qué habría pasado si ella…”

Dos mujeres en dos habitaciones contiguas de un pequeño y sencillo hotel en la ciudad. Una está ahí por trabajo, la otra por placer. Dos mujeres solas. Cada una se siente intrigada por la otra. Cada una sospecha, sin saber bien por qué el lesbianismo de su vecina de cuarto, aceptando la posibilidad de estar equivocadas, de estárselo inventando en sus mentes, porque a veces la soledad resulta ser una amiga demasiado imaginativa y nos hace creer que cada mujer que se nos cruza, siente igual que nosotras.

Las delgadas paredes que las separaban dejaban filtrar los sonidos de la habitación vecina. Cada una juraba que oía la respiración de la otra, los suspiros escapados de algún sueño húmedo, los pasos inquietos retumbando en el piso de madera en medio del frío de la madrugada, la suave e impertinente música en horas no adecuadas. Pero nada sabían una de la otra, aunque morían por averiguarlo. Y así pasaban los días, las miradas, los roces en la escalera, los “buenos días” y “buenas tardes” de rigor.

Uno, dos, tres, cuatro días. Al quinto, último día, una lluvia torrencial las encuentra mojadas y jadeando de tanto escapar del aguacero en el pequeño y antiguo ascensor. Improvisan una conversación. Risas nerviosas. Olor a ropa mojada. Súbitos temblores, profundos latidos. Ese pequeño lunar que nunca le había visto, ese rizo delicado que cubría su oreja, los dedos largos, las uñas cuidadas, la pequeña cicatriz en la boca. Un buenas noches frío y apresurado, un caminar rápido a las habitaciones respectivas, mil vueltas en la cama sin poder dormir, varios cigarrillos consumidos uno tras otro.

Y golpear su puerta a las tres de la mañana, esperar que abriera en camisón, despeinada, con los ojos llenos de cansancio. Y antes de decir nada, de buscar la excusa que justificara esa extraña visita, dejar que el silencio diera paso a lo demás. Cerrar la puerta, quedarse de pie una frente a la otra, inmóviles, esperando el primer contacto, el primer roce.

Nada había que decir que no se hubieran dicho bastante en ese lenguaje de miradas y silencios. Ya todo estaba explicado, no había tiempo que perder. Se arrancan la ropa, la cama las recibe tibia y acogedora, los cuerpos se descubren entre las sábanas. Las manos buscan los senos, los dientes muerden los pezones, los cuerpos se consumen desesperados y silenciosos. No hay nada que decir así que nada digas. La mañana vendrá pronto, no te resistas. Abre tus piernas, gime despacio en mi oído, siente mi lengua dentro de ti, eres tal como te había imaginado, clava tus uñas perfectas y cuidadas en mi espalda, dime tus fantasías y déjame cumplirlas, mírame a los ojos y llega conmigo al final. Seis de la mañana. Hora de partir.

Dos mujeres que nunca se llegaron a conocer. Dos mujeres que abandonaron el mismo día el hotel, odiando volver a la rutina, viendo partir a la otra en un taxi, preguntándose qué habría pasado si yo…, qué habría pasado si ella…. Una última mirada antes que partan los vehículos. Una promesa muda y una sonrisa. Hasta el próxima vez. Aquí te espero

Posted by tomas_e at 15:40:19 | Permalink | No Comments »

Acuario es una mujer, que cuando está enamorada tiene toda la fidelidad de los signos fijos pero también el desapego y la falta de emoción del elemento aire. Puedes tener una relación feliz con ella si la dejas en libertad de atender sus múltiples intereses y de circular entre sus amigas, jamás la ates a la cocina ni al respaldo de la cama. Y si no pregúntale a quien lo haya intentado. De pronto acuario puede decidir que estudiará ballet, que se va a meditar a las montañas o que ingresa en el ejército. Sus sueños son diferentes de los tuyos y de todos, si oye un retumbo lejano, va en pos de una estrella que la mayoría de nosotros no hemos visto. Ella reclama con insistencia su libertad, pero su lealtad a quien sea capaz de aceptar el romance sin limitaciones es absoluta. No se interesara por tu cuenta bancaria, pero si esperará que tus logros intelectuales te hagan digno de respeto. Su propio código ético puede ser lo más espeluznante que hayas encontrado en la vida y muy diferente de lo que la sociedad acepta. Tampoco es excesivamente pasional, seguramente tendrá miedo de que el deseo por una única persona aprisione su espíritu y no le permita ser fiel a su gran amor: la libertad. En general son socialmente encantadoras, graciosas, divertidas, brillantes como un espejo y enormemente adaptables a todos los niveles sociales. Tampoco es nada desconfiada, no dudará de tu palabra, no llamará a la oficina para ver si estas, para que? Si antes de llegar ahí ya te ha diseccionado y sabe perfectamente como eres… además tiene mucho por hacer y por decir así que no le queda demasiado tiempo. Raro es que tengan relaciones extraconyugales. Sencillamente no pueden aceptarlo. Si una situación se hace insostenible reaccionan caminando solas, sin que el recuerdo les amargue, ni las condicione. Y no intentes volver a no ser para una amistad. Si acabó, acabó del todo. Su aspecto es sorprendente, la mayoría de ellas resultan encantadoras, con una belleza pensativa, inolvidable. Después de libra, suelen ser las mujeres mas bonitas del zodiaco, aunque a veces su manera de vestir puede hacer que te pares en seco, digamos que no es nada convencional en la vestimenta ( ni en su peinado). Las conversaciones con ella pueden ser curiosas, con modales encantadores y conduciéndose de manera tímida, de repente interrumpirá para preguntar cuantos famosos tienen M en el nombre por ejemplo (eso suponiendo que hables de la bolsa), contéstale y vuelve al tema anterior, no te queda otro remedio. Será romántica y después práctica, tímida y descarada, se burlará de los ovnis y te contará que ha visto un gnomo vestido de rojo en la ventana, pero nunca, nunca le hables con desprecio porque se retraerá y será inabordable. No encontrarás una acuario ansiosa por casarse, tendrás que convencerla de que el matrimonio no es Alcatraz y ella te pondrá a prueba y te estudiará a fondo. En su manera de pensar hay algo que la lleva a creer que un pequeño cambio es bueno y así va haciéndolo todo, a su manera. Tendrás que acostúmbrate también a su torpeza en las cuestiones románticas, para ella la línea que separa la amistad del amor es invisible. Le encantará que la tomes de la mano mientras ella mira con felicidad un coche antiguo, un cubo de basura o una lechuza embalsamada, pues déjala que se pasee por su país de maravillas que ella nunca protestará cuando tu vayas a jugar a cartas con tus amigas. La manera mas fácil de perderla es mostrarte celoso, posesivo o con prejuicios, crítico o conservador. Ya lo sabes (además tendrás que simpatizar con sus amigas) Tal vez al principio su juicio no te parezca cuerdo ni práctico pero es porque ella ve meses y años hacia adelante. Vive en el mañana algo que tu descubrirás a través de ella. Lo que ella dice, sucederá tal vez después de muchas demoras y dificultades pero sucederá. Me imagino que después de todo, esto es lo más especial de las mujeres de febrero, tienen algo de magas…

Adaptado del Libro “Los signos del Zodiaco y el Amor” de Linda Goodman

Historias de Lesbianas - 11

Era invierno
“Para mi sorpresa, entramos. Tomamos el metro. Todo se me venía abajo. Te bajarías en U. De Santiago, y yo, tres estaciones más allá, Las Rejas. Todo volvería a la normalidad dentro de unos minutos. No quería eso por nada del mundo. Pero llegamos a tu estación, no te bajaste. Querías revisar tu mochila, y como de costumbre, te agachaste. Pero te quedaste ahí, mirando el piso, agachada junto a mi”.
por Nade *

Era invierno. Hace poco había dejado de llover. Todo estaba húmedo y se había levantado una densa neblina, lo que hacía que todo se viera tétrico y, de cierto modo, desconocido. Cuando todo está así, y da sueño, me baja el romanticismo, me atacan los recuerdos… esta vez no fue la excepción.

Pero como no estar en la luna en la luna con el sabor de tus labios tan fresco aún en mi boca…

Al recordar ese momento se me viene todo aquel día a la cabeza…Hacía calor.

Yo estaba en clases de biología, ansiosa por salir, pero ¿cómo no estarlo? Si mi corazón me decía “te está esperando, sé que te está esperando”. Mi estómago estaba tenso, sentía mariposas revoloteando en él, y mis ojos no se alejaban de la ventana que daba al parque, el parque de nuestro primer encuentro. La noche anterior, tu y yo, habíamos discutido, no recuerdo por qué, sólo recuerdo que me había enojado mucho contigo.

Tocaron el timbre, bajé corriendo los cuatro pisos, mi compañera volaba detrás de mí. Me pidió que la fuera a dejar a su casa que quedaba cerca, yo accedí, pero le dije “acompáñame primero a este paradero (el del parque) porque tengo un presentimiento”, y fuimos. Pero, antes de llegar, mis ojos dieron con lo que, durante todo el día, habían anhelado. Vi a esa chica, de no más de 1.65 mts, morena, de pelo liso, castaño oscuro, una boca similar a la de los gatitos, con su aro, y sus ojos, ¡Esos ojos que me hacen alucinar! Tus rasgados ojos felinos, profundos como un mar nocturno.

Me quedaste mirando como diciendo “¡sorpresa!” Pero yo no estaba sorprendida, mas bien satisfecha. Quizás tenga un sexto sentido…Quizás te conozco demasiado.

Ese semáforo en rojo me desesperaba, solo deseaba correr hacia ti, abrazarte para siempre, y no dejarte ir jamás. Pero estaba mi compañera que aún no sabe de mis sentimientos.

Una sonrisa radiante se dibujó en mis labios. Mi compañera no entendía nada. Pero jamás entendería la felicidad que me inundaba, como si fuera el pozón al que el agua de una catarata va a dar, al ver tu cuerpo de mujer en todo su esplendor, tu abdómen firme, tus contorneadas piernas escondidas tras esos pantalones negros, tu cintura estrecha, tus caderas, tus pechos, ¡todo! Todo era, y es, perfecto para mi.

Luz verde. Crucé sin despegar mis ojos de los tuyos. Sonreías, yo también. Te saludé como si nada, un beso y un abrazo.

Luego de que mi compañera se fue (sola) me entregaste una carta. Sabía que era una disculpa por lo de la noche anterior, la guardé, pues es incómodo que lean una carta que tu escribiste contigo presente. Caminamos, nos perdimos entre la espesura de gente del centro de Santiago.
Caían gotas desde los edificios, me explicaste que era por el aire acondicionado, de todos modos, a ambas, nos daba asco, por lo que me quitabas del camino de las goteras que me pillaban desprevenida. Pero, en un momento que llegó como caído del cielo, fui yo quien te apartó de la misma manera en que tú lo hacías…tomándote la mano. Pero yo, yo no te solté, ni tú quisiste soltarte.

Y llevaba tu mano derecha. Ambas mirábamos o al frente o al suelo. Noté que estaba ruborizada. Para mi sorpresa, tú también.

Caminamos mucho. Compramos helados, aún recuerdo los sabores, también recuerdo que te di a probar del mío, te di en la boca. Tú hiciste lo mismo. Ese helado me supo a gloria. Jugábamos con lo dedos. Yo adoraba tus uñas, tú, buscar mis huesos.

Me llevaste a una plaza solitaria, habían tres o cuatro personas. Esta rodeada de casas antiguas. Y, a pesar de estar a dos cuadras del centro, no pasaba ni gente ni autos. Pasamos dos horas dando vueltas, siempre de la mano, por el centro.

Eran las 9.20, y me dijiste “Nade, jodimos, el pase escolar dura hasta las 9 en las micros” pero no me importaba. De súbito, diste un salto, me tomaste de la mano y saliste corriendo conmigo a la rastra. Te pregunté que pasaba, dijiste “el pase funciona hasta las 9.30 en el metro” yo te dije que no, que solo era hasta las 9, pero tu, testaruda, dijiste que llegábamos, corriste sin parar. De repente chocamos con una chica, y al vernos dijo “¡¡TATU!!” y se puso a reír. Yo también reía, y tú también, sonrojada, mientras corrías.

Para mi sorpresa, entramos. Tomamos el metro. Todo se me venía abajo… te bajarías en U. De Santiago, y yo, tres estaciones más allá, Las Rejas. Todo volvería a la normalidad dentro de unos minutos. No quería eso por nada del mundo. Pero llegamos a tu estación, no te bajaste. Querías revisar tu mochila, y como de costumbre, te agachaste. Pero te quedaste ahí, mirando el piso, agachada junto a mi.

Entonces, una estación antes de la mía, me agaché a tu lado, no subiste la mirada. Comencé a acariciar tu cabello, me dijiste “No Nade, aquí no”, sonabas molesta…o triste (días después me enteraría de que te habías enfermado, quizás fue el helado). Mas yo te ignoré, y, tras aquella pausa, continué acariciándote, admirándote. Estación Las Rejas. Me miraste afligida. Ignoré el hecho de que debía bajarme. Estaba perdida en algún recóndito lugar de tus profundos ojos.

- Nade…
- No.
- Pero Nade, te debes bajar.
- No me voy a bajar.
- Pero…
- No.
Me quedaste mirando. Ya no estabas triste.

Ultima estación, San Pablo.

Nos bajamos. Las pocas personas que quedaban se fueron hacia la salida. Tu tomaste mi mano nuevamente, y nos dirigimos al cambio de andén lentamente, muy lentamente. Decías, bromeando, “váyase señor del metro, no lo necesitamos aquí”. Yo me sonrojé, pero antes de reaccionar, apretaste mi mano y dijiste “Nade…” pero no continuaste. Me atrajiste hacia ti con fuerza, tu estabas más alta, y yo, antes de darme cuenta, estaba amarrada a ti en un beso.

Me faltan palabras para describir lo que sentí… Tus tan anhelado labios me besaban, por fin. (me sentí como la chica de la propaganda de pasta de dientes).

Pero no reaccioné hasta la segunda vez.

¡Diablos! ¡Estaba besando a la chica que yo amaba por primera vez! Y debo admitir que ahí me puse más seria. Recordé tu aro del labio inferior ¡Qué delicia!.

Hicimos el cambio de andén. No sé en qué momento el señor del metro te había oído, pero al ver que una señora se nos alejaba corriendo al llegar al otro lado, me di cuenta me di cuenta de que alguien había sido testigo de lo ocurrido. Me reí. Yo iba volando detrás de ti, en un ensueño…pisaba nubes inexistentes.
Silencio.

Llegó el metro. Abordamos.

Íbamos solas en el último vagón. Me besaste nuevamente. Sentía tu mano en mi cuello, mientras yo jugaba con tu aro.
Siguiente estación. Nadie abordó. Nada nos detenía.

Tercera estación. Dos hombres abordaron y se sentaron frente nuestro mirándonos con “interés” (como si fuéramos carroña para jotes).

Nos reímos, y me dijiste “¿te da vergüenza?” te dije “no”. Fuiste a besarme, pero por error nuestros labios no se encontraron…”¿Ves que te da vergüenza!?” .

Entonces te miré, y te robé el beso más apasionado que he dado en mi vida. Ese exquisito sabor a peligro, a ser descubiertas, a estar haciendo algo “malo” hacían la mezcla perfecta.

Cuarta estación. Subió mucha gente, demasiada para ti, me dijiste “no ahora, hay mucha gente”. Me dio pena, pero estaba feliz.

Cuarta estación, Las Rejas.

Me paré cuando empezaba a sonar el timbre de alerta. Te robé un último beso de los labios y me bajé corriendo. De inmediato me arrepentí de no haberme bajado una estación más allá. Pero eran las 10pm, yo había salido a las 7. Subí corriendo las escaleras. Feliz, inventando la excusa perfecta…

Pasaron los dias, estabas alejada. Luego leí en tu weblog como correspondías a tu ex…”¡Yo también te amo! Disculpame, me dejé llevar por el momento…Gracias por amarme como yo a ti”. Me rompiste el corazón en mil pedazos.

Han pasado seis meses desde ese dia y lo recuerdo como si hubiera sido ayer. Tu estás con ella otra vez.

Hay neblina, y yo aquí recordando…Llorando.

Ahora voy casi diariamente a esa plaza esperando tu regreso, porque, aunque sé que estás con ella, yo aún te amo.

Posted by tomas_e at 15:39:28 | Permalink | No Comments »

Pues mal lo tenemos porque no hay un modelo para la mujer capricornio. Igual es la conservadora de un museo con un par de gruesas gafas que ser una bailarina con taparrabos de lentejuelas. Puede estar brillando en las columnas de noticias sociales y sonreír recatadamente detrás de su chica, pero también puede estar vertiendo líquidos misteriosos en tubos de ensayo. Ultra femenina y coqueta o silenciosa y distante, pero sea como sea, debajo de esa fachada la meta es atrapar a la chica justa, capaz de hacerla sentir importante y de ser una buena compañera. Es asombroso cuantas capricornios tienen talento artístico, casi siempre tienen una carrera universitaria, y dejan el amor en un segundo plano, pero el amor eh no te confundas, el matrimonio es otra cosa. Sus metas son la seguridad, la autoridad, el respeto y la posición. Jamás la veras abrirse paso a gritos, incluso puedes pensar que esa chica que conoces es bastante dócil, tú espera y veras. No pienses que es una chica incapaz de sacrificar su carrera por la pareja, tu dale una oportunidad de brillar en sociedad y ser la dueña de un casa bien puesta y verás que rápido pierde interés en su trabajo. Si lo necesitáis, seguirá trabajando claro, pero si no, será superfeliz por disfrutar de su puesto de “esposa” (siempre que el puesto sea bueno y la seguridad suficiente) Uno de los rasgos más típicos es su natural aristocracia, la gracia de sus modales, aunque haya nacido en una choza, te convencerás de que procede de una antigua familia y de que fue a la mejor escuela de educación social y convenciones mas conservadoras. Cualquiera mujer que inicie una relación con la cabra debe estar al tanto de algo básico: parecerá dotada de un temperamento mas equilibrado y de mas estabilidad emocional de la que realmente tiene, y la verdad es que está sujeta a mil cambios anímicos, si ya se, ahora dirás que todas las mujeres lo hacen, pero en su caso pueden ser periodos muy negros y prolongados. Si se siente maltratada o desdeñada, eso le dará para días semanas y hasta meses de cavilación, y ella dirá simplemente que eso es ser práctica y sensata, pero la tristeza, el pesimismo y la depresión típicas de saturno tienen raíces mucho más profundas, y están desencadenadas por el miedo al futuro, la preocupación por el presente y el dolor por el pasado. Les cuesta aceptar las bromas así que mejor evítalas y elógiala con la frecuencia suficiente como para que se de cuenta de que comprendes su verdadero valor. También le resulta difícil relajarse en situaciones románticas, su deseo físico es más intenso de lo que imaginas y nunca se satisface con relaciones superficiales. No andes por ahí con besos apasionados y abrazos porque no es su deporte favorito, aunque, una vez esté segura de que tu eres la mujer adecuada, será tan cálida como un oso panda, afectuosa e incluso apasionada. En la vida social es escrupulosa y con preferencia por las costumbres raras, como servilleteros de plata labrada y sillas tapizadas en petit point, por encima de todo respeta la tradición. Seguramente comprará en las tiendas más caras buscando las cosas más baratas. Su belleza es peculiar y fresca, son excepcionalmente atractivas, y aun así son tímidas y se sienten inseguras de su apariencia, intentan no confesar su edad y hacen bien porque de jóvenes parecen ancianitas y después florecen para parecer muchachas cuando ya no deberían serlo. Ni se te ocurra desdeñar a su familia, te emparejas con ella y con sus parientes, hasta llegará un momento en que no te reirás con los chistes de las suegras, a veces esta mujer es el sostén de su familia, sea físico o moral, es capaz de cuidar a sus padres y olvidarse del matrimonio, su sentido del deber es extraordinario. Piensa que, a cambio, ella será considerada con tu propia familia. No hace falta decirte que su casa estará lustrada y pulida verdad? Y tampoco hace falta comentar que infundirá a sus hijos el hábito de la economía y su respeto por la calidad. Ya ves, no es una chica que crea en duendes aunque tenga uno sentado en la punta de la nariz. Su lema seria algo así como “ocúpate de la comida y del alquiler antes de correr en pos del sueño”, y se asegura de que ese sueño valga la pena, la cabra no encuentra nada encantador ni fascinante en el fracaso. Todo esto no quiere decir que no tenga imaginación, tu pon a prueba algunos de sus sueños y te sorprenderás de ver lo bien que funcionan. Pero en su amor hay una riqueza profunda y más perdurable que el amor quebradizo quemante y exigente de otras mujeres, y quien dijo que no creía en duendes? lo hemos dicho? Solo la prudente chica Capricornio podía mirar a los ojos de un sapo desmañado y torpe y ver que en realidad es un príncipe disfrazado, y no solo eso, si te casas con ella jamás te encontrarás sin calcetines limpios!.

Adaptado del Libro “Los signos del Zodiaco y el Amor” de Linda Goodman

Historias de Lesbianas - 10

Mi casi trío

“El amor te está esperando a la vuelta de la esquina. No lo dejes pasar. Tu número de la suerte es el tres”. Así decía mi horóscopo ese día. Nunca lo leo, pero esa mañana, sentada en la plaza al lado de un abuelito que alimentaba las palomas, sentí el impulso irresistible de creer que mi destino estaba impreso en esa hoja de papel…”

“El amor te está esperando a la vuelta de la esquina. No lo dejes pasar. Tu número de la suerte es el tres”. Así decía mi horóscopo ese día. Nunca lo leo, pero esa mañana, sentada en la plaza al ladode un abuelito que alimentaba las palomas, sentí el impulso irresistible de creer que mi destino estaba impreso en esa hoja de papel. La última semana había sido horrible para mí. Mi último proyecto amoroso, una profesora llamada Rosa, me había mandado literalmente a la punta del cerro. Para ella su trabajo era sagrado y no estaba dispuesta a arriesgarlo por una aventura.

Por eso encontré simpático el anuncio de mi horóscopo. Quizá el destino me estaba dando una nueva oportunidad y debía aprovecharla. Caminé unas cuadras y a la vuelta de la esquina no estaba mi amor. “Bueno, tampoco debe ser tan literal la cosa”, pensé. Así que decidí ir en busca de lo prometido por el horóscopo y esa noche me dirigí con mis mejores galas a la disco gay de moda. Como siempre, el lugar estaba más lleno de hombres que de mujeres, así que un poco desanimada me senté en la barra y pedí un vodka naranja para comenzar.

Cuando miré mi reloj ya habían pasado dos horas. Estaba a punto de darme por vencida y de olvidar el asunto cuando una dulce voz de mujer me ofreció un trago. “Sin compromiso, no te preocupes, es que como estás sola y yo también, bueno tú sabes, podríamos conversar un ratito…” Las típicas excusas de siempre, como si fuera pecado simplemente decir quiero invitarte un trago porque me gustas. En fin.

Mi nueva amiga se llamaba Camila y tras su aparente cara de niña buena se ocultaba más de una sorpresa. Al tercer vodka me confesó que era casada. Cuando ya creía que iba a salir con eso de “no soy feliz con mi marido”, Camila fue más honesta y me dijo que era feliz, pero que su fantasía era ser seducida y hacer el amor con una mujer. Siempre lo había soñado, me dijo. Se lo había imaginado tantas veces cuando veía pasar a una mujer hermosa por la calle, cuando por casualidad rozaba la mano de alguna amiga, pero ya estaba casada y creía que nunca vería cumplida su fantasía. Entonces, me confidenció que esa mañana había leído su horóscopo y le decía que el amor la estaba esperando a la vuelta de la esquina.

Hasta el momento no estaba muy convencida con su discurso, pero el detalle del horóscopo me pareció una señal más del maldito destino que tantas veces me había dado la espalda y que al parecer hoy se reivindicaría conmigo.

Me preguntó si quería bailar y una vez en la pista de baile, comenzó a moverse en forma sensual y desinhibida, asegurándose de enseñar todos sus atributos por si aún me quedaba alguna duda. Camila me rozaba, me abrazaba, me susurraba al oído. Yo, que nunca he podido superar mi timidez, estaba casi petrificada ante sus encantos, que eran muchos y variados.

Después de un rato, me preguntó si quería ir a su departamento. Su marido se encontraba fuera de la ciudad y no volvería hasta dentro de tres días más, así que teníamos todo el lugar y el tiempo a nuestra disposición.

A pesar que ya había notado que todo fue demasiado fácil para una persona como yo a la que todo le resulta difícil, no quise cuestionarme la situación ni buscarle la quinta pata al gato. Ahí estaba Camila sentada a mi lado en el taxi, riendo deliciosamente, acariciando mi pelo, tocando mis manos con la punta de sus dedos.

Una vez en su departamento, Camila puso música, encendió la tenue luz de una lámpara y me ofreció una elegante copa de vino. Nos sentamos en un amplio sofá y comenzamos a acariciarnos primero lenta y después frenéticamente. Había algo en ella que no me cuadraba mucho. Si bien podía sentir su pasión en cada beso y caricia que posaba en mi piel, noté que no estaba absolutamente concentrada n lo que hacía. “Aquí hay gato encerrado” pensé.

Cuando nuestros cuerpos ardientes comenzaron a exigirnos pasar a otra etapa y a otro sitio, digamos algo más cómodo, nos levantamos y sin dejar de besarnos me llevó a su dormitorio y me arrojó en la cama. En menos de un minuto ya estabamos desnudas, jadeando una sobre la otra. Camila me ahogaba con su cuerpo, se entregaba y se alejaba de mí volviéndome loca.

En eso estábamos cuando sentí que la puerta de la pieza se abría.
- ¡Camila! ¿Qué significa esto?- gritó sin mucha emoción ni convicción un hombre que supuse era su marido.
- ¡Antonio! Déjame explicarte… - agregó Camila, pronunciando cada palabra como si estuviera leyendo un guión preparado con anticipación.

Yo, que a esas alturas me había tapado hasta la nariz y trataba torpemente de rescatar mi ropa esparcida por toda la cama, comprobé con cierto estupor que “Antonio” presentaba una evidente erección debajo de sus pantalones. Además, aparte de ese diálogo poco creíble que sostuvieron marido y mujer, ninguno de los dos parecía molesto ni perturbado en lo más mínimo. Entonces, vino aquella frase que estaba temiendo.

- ¿Te importaría si Antonio se une a nosotras?

Ni siquiera le contesté. Como pude me vestí y salí de la pieza indignada. Camila y su marido nosabían qué hacer. Inmediatamente me dí cuenta que era la primera vez que hacían algo por el estilo y que estaban confundidos ante el poco éxito de la operación. Camila me alcanzó en la puerta y visiblemente avergonzada se deshizo en disculpas.

Yo, sin saber qué decir, furiosa como nunca, dije lo primero que se me vino a la cabeza: “para la otra llamen a una de esas minas que se ofrecen en el diario. Además, busquen el significado de lesbiana en el diccionario. ¡Atorrantes!”.

Nunca supe si el trío era parte de la fantasía de Camila o si ella era sólo una devota esposa dispuesta a todo para cumplir con el deseo oculto de su marido. El hecho es que el enojo se me pasó rápidamente y hasta me reí un poco mientras esperaba el taxi.

Esta no la cuento dos veces, pensé. “Su número de la suerte es el tres”, fueron las palabras exactas de mi horóscopo. Desde ese día nunca más lo leo. No me arriesgo.

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No siempre te dirá las cosas que a ti te gusta oír, la mayoría de las veces hará que se te pongan los pelos de punta porque no se muerde la lengua, pero de vez en cuando te dirá algo tan especial y tan espléndido que te darán ganas de ponerte a cantar. Tal vez necesites un ejemplo. Escenario: una cafetería, tu acabas de reunir el valor necesario para decirle que la amas, pero antes de que abras la boca te mira con esos enormes e inocentes ojos y te pregunta: “dime? como te sientes siendo tan bajita?”. Mientras tu tragas saliva en un intento por rehacerte, ella agrega, “no te preocupes en la historia han habido muchas mujeres bajitas”. Eso es como agregar el insulto a la ofensa, pero antes de marcharte pensando en todo lo que se merece, ella susurrará: ” a mi me enferman las mujeres como postes, tu eres perfecta, tenemos la altura justa para caminar juntas”. Vuelve a sentarte que te quedarás, y por mucho tiempo. Una chica sagitario, amistosa y franca acaba de adueñarse de tu corazón con su propio y peculiar encanto. Las mujeres sagitario son la encarnación del optimismo, jamás te mentirá aunque desearás que lo haga y como le preguntes como pasa las noches cuando no está contigo, te dará un informe tan detallado de todas las cartas que escribe a esa guapa doctora que conoció…. incluso igual te dice que tiene insomnio porque pasa la noche pensando si no será amistad y no amor lo que siente por ti. Le gritarás que te mienta un poco de vez en cuando, te lo garantizo. Son muy independientes y con indiferencia hacia la familia, además siempre está viajando. Si quieres que haga algo, pídeselo nunca se lo ordenes, no las soporta ni de su madre. Lo que ella siente y piensa no difiere lo más mínimo de lo que hace y dice. No está dispuesta a renunciar a su individualidad, pero le gusta que la consideren una mujer. Es posible que te confunda pero nada comparado con lo que ella misma se confunde, la confusión mas especial es la de amor-amistad o amistad-amor. Su deslenguada franqueza provoca malas interpretaciones y ni hablemos de sentimientos heridos, pero no aplasta su espíritu. El orgullo de Júpiter la rescata en las crisis y le permite superar el dolor de su corazón destrozado como si fuera una broma, por dentro estará llorando, pero lo disimulará tanto que todos creerán que aquello fue solamente un flirteo. Poco se imaginan que empapa la almohada pensando que fue lo que dijo para estropearlo todo. Al flirtear abiertamente y sin la menor intención de convertirlo en nada eterno o duradero se ganan la reputación de mujeres frívolas y sin corazón. Un signo de fuego jamás es frío y sin corazón, pero claro quien sabe eso? Las arqueras se asustan ante el matrimonio, ella ama la vida al aire libre, los deportes incluso la ropa de hombre, pero le sienta bien. Tiene tantos amigos hombres que te acostumbrarás a verla con ellos por todas partes. Le trae sin cuidado su reputación y desdeña la hipocresía. Y en el fondo de su corazón es confiada como un niño. Ve las cosas de manera tan ingenua que es vulnerable a los lobos, estafadores e impostores, aunque curiosamente esto solo le ocurre en las relaciones amorosas. Olvídate de su astucia con que discute y lo asombrosamente lógica que puede ser. No es su mente la que está en discusión, esa mente inteligente y rápida, capaz de hacer frente a cualquier cosa, todo eso no tiene nada que ver con el corazón, es el corazón el que siempre está magullado. También es un poquitín torpe, pero aunque derribe un puesto de frutas, seguro que el dueño acaba regalándole algunas, ella por si sola ablanda los corazones, en realidad es como un perrito juguetón y torpe que menea el rabo mientras te pisa, y quien no quiere un cachorrillo así? Siempre que puedas sal de viaje con ella y si no, deja que lo haga sola, pero confía siempre porque es a ti a quien ama. Es posible que su actitud desaprensiva ante el amor hagan pensar que carece de sentimientos. Pues es un error, una película triste la hará llorar a mares y seguro que guarda todas las notas y flores de aquella ocasión… En cuanto a sus dotes de ama de casa, ten paciencia y valor. Les aburre hasta la saciedad, pero su orgullo hará que la casa esté pulcra. Por otro lado mejor también comer fuera. Mientras dejes que se sienta dueña de su propia alma y en modo alguno prisionera te dará un triple dividendo, su lealtad, su confianza y su afecto, los tres inseparables, cuando una arquera da su amor, da siempre su amistad al mismo tiempo. Son unas idealistas incurables, y te diré un secreto, se enamoró de ti cuando era pequeñita y le pedía a la luna nueva que le enviara a alguien. Hubo montones de veces en que le pareció que te había encontrado pero se desilusionó. Pero cuando por fin llegaste te reconoció al instante porque eras un apacible payaso con algunos sueños propios que la tomó de la mano y le mostró el camino que conduce a las estrellas.

Historias de Lesbianas - 9

Cuarenta y veinte

“Y así fue como empezó mi atracción fatal por las mujeres mayores. Con cinco años más que yo, llamaban mi atención; con diez años o más, me tenían a sus pies. Siempre encontraba más atractiva a las mamás y hermanas mayores de mis amigas que a ellas mismas. En el colegio, esperaba toda la semana para disfrutar de esa escasa hora semanal de clases de arte para ver a mi profesora preferida envuelta en su delantal blanco manchado de óleo y diluyentes, imaginando sus manos sabias a la hora de amar, sus besos con sabor a fruta madura y su cuerpo de mujer hecha y derecha”.

Cuando yo era niña, mi mamá trajo a la casa un video de la película “El Graduado”. Cuando le pregunté de qué se trataba, se limitó a contestar “es para mayores”. Como ya había picado en mí el bichito de la curiosidad, esperé a estar sola para dar un vistazo a la película. La trama era bastante simple ante mis ojos de niña: un esperpéntico joven era seducido por una mujer mayor. Pero el jovencito optaba al final por la hija de esta señora.

En ese tiempo la película no produjo nada especial en mí y hasta la encontré fome. Sólo muchos años después la volví a ver, cambiando absolutamente mi visión de los hechos. Un horrible y desgarbado Dustin Hoffmann era seducido por una atractiva, sensual y absolutamente deseable Señora Robinson. Pero el muy estúpido renuncia a la gloria de estar en manos de alguien con experiencia para quedarse con una jovencita sin gracia.

Y así fue como empezó mi atracción fatal por las mujeres mayores. Con cinco años más que yo, llamaban mi atención; con diez años o más, me tenían a sus pies. Siempre encontraba más atractiva a las mamás y hermanas mayores de mis amigas que a ellas mismas. En el colegio, esperaba toda la semana para disfrutar de esa escasa hora semanal de clases de arte para ver a mi profesora preferida envuelta en su delantal blanco manchado de óleo y diluyentes, imaginando sus manos sabias a la hora de amar, sus besos con sabor a fruta madura y su cuerpo de mujer hecha y derecha.

En la universidad, una alumna de quinto año que nos hacía ayudantía se convirtió en mi platónico amor. No había tema en el que no me hiciera la desorientada para acudir a sus sabios consejos y mientras ella me ayudaba mis ojos se detenían con calma en su boca, en su busto, en sus manos.

Sea como sea, el tema no pasó de ser una fantasía. Pero por cosas de destino, un día esa fantasía golpeó literalmente en mi puerta.

Una mujer de unos 40 años (más tarde me confesaría sus 46) acudió en mi ayuda una fría mañana de invierno. Era mi nueva vecina y como recién se estaba cambiando a mi barrio necesitaba de alguien que estuviera en su casa para recibir al camión de mudanzas. Me dijo que ella se tenía que ir a trabajar y que con la confianza que le daba saber que yo era su vecina , me pedía ese inmenso favor.

Creo que escuché la mitad de lo que me dijo. Lo que capturó mi atención fue su boca increíble y absolutamente roja, engalanando un rostro maduro con una que otra hermosa arruga. Obviamente que accedí de buena gana a su petición, guardando en mi corazón la certeza de que así la volvería a ver.

Y así nos hicimos amigas. Se llamaba Rosa. Era profesora básica. Vivía sola con un gato y unperro. Había crecido en una familia tradicional, de esas de campo, y por lo mismo no aceptaba muchas de las costumbres de la “Juventud” (como si tú fueras muy vieja, le decía yo). Nunca se había casado pero una vez estuvo a punto de hacerlo y, según ella, se arrepintió a tiempo.

Y así pasábamos nuestros días. Yo la miraba mientras me contaba sus cosas del trabajo, gesticulando ampliamente mientras describía los gajes de su oficio. Y mientras me hablaba yo no aguantaba las ganas de poder besarla, de saber que gusto tenía su boca, de conocer los secretos ocultos detrás de su falda de profesora de colegio privado.

Soñaba con verla entrar en mi pieza, con su delantal de profesora lista para traspasarme los conocimientos que sólo la práctica puede entregar, para enseñarme

cómo se ama después de pasar por un casi matrimonio y varios amantes sin importancia.

La profesora llenaba todos los espacios de mi alma, inquietándome hasta tal punto que me quedaba escondida en el paradero hasta verla llegar, sólo para hacerme la encontradiza y caminar con ella hasta su casa, aspirando el perfume de su cuerpo mientras conversábamos de cosas triviales. A su lado me sentía como una niña ansiosa de ser sometida y guiada hasta en los más mínimos detalles por sus sabios conocimientos.

Sin temor a equivocarme, puedo decir que la profesora sabía que algo raro estaba pasando conmigo. Pero nada hizo por impedir mi compañía o por alejarme de su casa y de sus cosas. A veces creía captar su mirada fija en mi mientras tomábamos té y el rubor en su rostro cuando nuestras miradas se cruzaban.

Se había hecho común entre nosotras llamarnos por teléfono con cualquier pretexto en medio de la tarde, o enviarnos mensajes al celular cuando estaban dando algo bueno en la televisión o cuando algo aparentemente importante nos había sucedido. Según yo, los platos ya estaban servidos y había que comenzar a degustar la cena.

Ocurrió todo muy rápido. El colegio en donde ella trabajaba había organizado una gala artística de sus alumnos con cena incluida. Cada profesor debía llevar mínimo a dos invitados (que pagaran su entrada), honor que me tocó a mí y a una colega de otro establecimiento.

Nos instalaron en una mesa con tres personas más. Yo luché y conseguí (dando un pequeño empujoncito a la otra invitada) quedar sentada al lado de Rosa. Y así fueron pasando los distintos números por el escenario, las distintas conversaciones simpáticas en la mesa, los típicos secretitos

al oído de Rosa con su amiga, las típicas preguntas de los demás que de dónde había conocido yo a Rosa…

Después de una hora y media de show y comida, no aguanté más. Mientras una pequeña cantaba en el escenario la canción de “Titanic”, mi mano comenzó lentamente a posarse en la rodilla de Rosa. Noté un breve temblor en su cuerpo, más de espanto que de otra cosa. Pero una vez que notó que nadie de la mesa nos miraba, se dejó acariciar sin sacar su vista del escenario. Mi mano dibujó con suavidad la línea de su pierna, oprimió su rodilla, trató de abrirse camino sin mucho éxito por debajo de su falda, pero después de unos intentos muy sutiles y discretos, logró rozar sólo con un dedo el borde de su ropa interior.

En la profesora, ninguna expresión. En el público, vítores para la niñita que cantaba igualito a Celine Dion. En mi cuerpo, un calor ardiente me invadía por completo. Al terminar el espectáculo, otro profesor insistió con porfía en ir a dejarnos a nuestras casas. Accedimos sin mucha convicción y una vez que llegamos Rosa aprovechó de bajar rápidamente del auto y con un breve adiós desaparecer detrás de su puerta de su casa.

Y allí quedé yo en medio de la calle, parada frente a mi casa, mirando la luz en las ventanas de la infame Rosa, que me había dejado encendida como un carbón y ahora huía como un vil insecto.

Ah no, me dije, eso sí que no. Fui a su casa, toqué a la puerta, abrió con cara de espanto, la agarré por un brazo, la apreté junto a mí, busqué su boca que se me resistía y le di el beso más ardiente y apasionado de mi vida. La sorpresa fue que ella me correspondió e incluso sentí sus manos tocando tímidamente uno de mis senos. Su beso fue cálido, su lengua fue diestra. Su cuerpo antes tan venerado se rindió a aquella jovencita que venía a

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La mujer escorpión tiene una belleza profunda y misteriosa. Es magnética, orgullosa y totalmente segura de si misma, pero tiene un único dolor secreto: no haber nacido hombre. Desde aquí puedo percibir la furia, cuando las mujeres plutonianas lean esta revelación, porque no hay una de ellas que no se sienta mujer de pies a cabeza, y tu si estás enamorada de ella te preguntarás de que estoy hablando. Pero yo no he dicho que tuviera aspecto masculino, ni tengo intención de insinuar que en su papel femenino no se desenvuelva perfectamente. Es solo, que en un nivel inconsciente, preferiría ser hombre. Menos restricciones, mas oportunidades. Es el único secreto que se oculta a si misma y no le hace gracia verlo revelado. El rosa no es su color natural, en todo caso un profundo rojo vino, color nada femenino aunque ella te haga creer que lo es. Las mujeres escorpión desdeñan a los miembros de su sexo que fracasan como novia, esposa y madre una vez que han aceptado los papeles. Una chica plutoniana mantendrá a raya su deseo de dominar mientras hace una magnífica demostración de feminidad y lo hará con más sutileza que cualquier otra. A diferencia de otras mujeres, ella sujetará sus impulsos y magnetizará a una mujer con su mirada exótica al tiempo que enciende lánguidamente el cigarrillo. Sabe como conseguir a un hombre o a una mujer, sabe muchas cosas. Se te acercará de manera lenta y seductora y te transmitirá en silencio y privadamente su mensaje. Es increíble pero son mujeres que pueden mostrarse seductoras en vaqueros o pantalones de montar. Tienen un don desconcertante que puede hacerte correr por la columna escalofríos de hielo. Es una forma de magia negra que maneja con tal pericia como para hacer que parezca auténtica brujería. Si te encuentras con sus ojos tienen muy pocas probabilidades de escapar, creo que tienes dos posibilidades una quedas irremediablemente atrapada en su hechizo o dos tendrás ganas de escapar pidiendo socorro. Es posible que la impresiones pero no que reaccione ansiosamente ante tu aproximación, piensa que son mujeres muy independientes. Susúrrale algo al oído que haría perder la cabeza a cualquiera y ella te clavará una mirada que desnudará tus intenciones más auténticas. No flirtees con ella, es un aparato de rayos X que puede ocultar sus vengativos poderes tras una sonrisa trémula y unos modales encantadores, pero es importante que sepas en que te metes, después de todo eres tú la que esta empeñada en domesticarla o en protegerte de ella, probablemente las dos cosas. Lo que ella busca es una chica fuerte, masculina o femenina y mas bella que el resto, no soporta la debilidad, y para estar a su altura necesitas entre otras cosas un alto grado de inteligencia. Si consigues su intimidad puedes estar seguro de que eres una chica única y excepcional. Constituirás el interés fundamental de su vida, te apoyará con lealtad y procurará agradarte con intensidad apasionada. y hablando de pasión, la utiliza en el sentido más amplio de la palabra, el desapego o la indiferencia no se han hecho para ella. Lleva colgando el cartel de “privado-prohibida la entrada” así que no esperes que te cuente ningún secreto, pero eso si, ella es fiel guardiana de los secretos de los demás. hay una parte de su mente y de su alma que solo le pertenece a ella y no admite invasiones. Tampoco, por otro lado, le importa un comino lo que los demás piensen de ella. Elige a sus amigos y deshecha a aquellos que no le gustan, y su sentido de la justicia es tan fuerte como el de la venganza. Adora su hogar, que generalmente aparece brillante de limpieza, buen gusto y comodidad. Le encanta revolver rincones para ver que encuentra (y procura que no vaya a encontrar notitas sospechosas en tus bolsillos), es irrazonablemente desconfiada y si quieres saber lo que puede pasar, solo imagínate una nube con forma de hongo…. tu misma. Económicamente es impredecible. Es capaz de ahorrar y de repente sentir un ataque de derroche, por otro lado también ama el poder y por el, es capaz de sacrificar muchas cosas. Deja que otras chicas se conformen con las chicas juguetonas, tu conoces el misterio apremiante de esa encantadora bruja que te prepara un café excelente y no quema jamás las tostadas (bueno casi nunca). Cuando la taza de café esté vacía, deja que ella te lea la buenaventura en los posos. Es muy capaz de hacerlo… si quiere. Como dices? que no lo sabias? Bueno ya te dije que hay secretos que ella guarda…

Adaptado del Libro “Los signos del Zodiaco y el Amor” de Linda Goodman

Historias de Lesbianas - 8


Cuando el sueño termina

“Fue un beso breve, duro, firme, aburrido, pero me bastó sentir por dos segundos sus labios carnosos y suaves sobre los míos para darme cuenta que era ella con quien quería pasar el resto de mis días. Por fortuna, ella pensaba lo mismo que yo, así que desde ese momento nuestras vidas se hicieron una y nuestros sueños marcharon inevitablemente de la mano”.

Un buen día me dijo “no me gustan las mujeres”. Lo dijo con la frente gacha, los ojos perdidos quién sabe dónde, mientras a mí el mundo se me caía al suelo, el mundo que para mí se resumía en esos dos años de intensa relación que fueron los más felices de mi vida.

Siempre la quise, siempre me gustó, siempre la busqué. Las clases en la universidad partían para mí cuando ella llegaba - siempre atrasada- y se instalaba en los primeros asientos entre los chiflidos de mis compañeros y la cara molesta del profesor que no soportaba ser interrumpido.

Entonces, yo la miraba buscar sus cuadernos, veía sus dedos finos y largos hurgueteando en su bolso en busca de un lápiz que nunca encontraba y que inevitablemente se tenía que conseguir con el compañero más cercano. Mi mirada la seguía también mientras matábamos el tiempo con mis amigas tiradas en el pasto y ella nunca se sentaba con nosotras, porque no le gustaba ensuciar sus pantalones que en ese entonces debía lavar a mano. Atónitas, mis amigas la contemplaban arrancar unas hojas de cuaderno para sentarse sobre ellas. Así te ganaste el mote de “siútica”. Yo sólo me enamoraba más y más de ti.

Nunca tuvo un pololo estable, sólo pequeñas y fugaces aventuras producto del alcohol o el aburrimiento, así que en mi mente guardaba la recóndita esperanza de que tal vez no le gustaran los machos recios de nuestra universidad y alrededores y prefiriera las suaves caricias de una mujer hecha y derecha.

En algún lugar de mi ser, sabía que mis miradas, mis silencios y mis deseos, no pasaban indiferentes por ella. Como si de telepatía se tratara, de repente notaba sus ojos sobre mí justo cuando yo estaba pensando en ella, o veía cómo se volteaba hacia mí cuando yo la llamaba con mi corazón desde varias sillas más atrás de la sala.

Algo nacía entre nosotras, un algo recíproco que nos negábamos a aceptar, porque no encontrábamos una explicación lógica y sencilla para ese caudal de energía y electricidad que explotaba en nuestros ojos cada vez que se cruzaban en una escalera, en la biblioteca, en el casino o en cualquier parte.

Pero nada de esto se hacía manifiesto en la realidad. Todo era conjeturas, suposiciones y esperanzas que se ahogaban al primer intento de acercamiento. Este tira y afloja duró cerca de dos años, periodo en que nuestros corazones acumularon todo el amor, la rabia, el deseo y la incertidumbre de este amor sin nombre que se negaba a tomar cuerpo y forma.

Hasta que un día no dimos más. En medio de una absurda discusión en que nada nos decíamos pero todo lo insinuábamos, la miré a los ojos y sin preguntarle me acerqué peligrosamente a su boca y la besé.

Fue un beso breve, duro, firme, aburrido, pero me bastó sentir por dos segundos sus labios carnosos y suaves sobre los míos para darme cuenta que era ella con quien quería pasar el resto de mis días. Por fortuna, ella pensaba lo mismo que yo, así que desde ese momento nuestras vidas se hicieron una y nuestros sueños marcharon inevitablemente de la mano.

Comenzaron así los años más felices de mi vida. Nos llenamos de proyectos e ideas en común, como por ejemplo tener una casa pequeña ubicada en una céntrica arteria, comprar un sillón azul, dos gatos (uno para ella, uno para mí), cuidarnos mutuamente en caso de enfermedad (en la salud y enfermedad, en la riqueza y la pobreza). Sabía que mi eterna búsqueda había finalizado, que ella sería siempre para mí. Nunca más dormiría sola, nunca más miraría las estrellas y desearía morir. Nunca más.

Cegada en mi pasión, olvidé que el amor es de dos y que mientras yo estaba feliz, en el corazón de ella ya comenzaba a prender la débil llamita de la duda.

Lo noté cuando sus besos se volvieron esquivos y fríos, cuando su cuerpo no reaccionaba a mis manos temblorosas de deseo, cuando sus ojos se perdían más de la cuenta en profundas cavilaciones, cuando mis desatinos ya no le producían risa y no le parecían tiernos.

Entonces fue cuando me dijo “no me gustan las mujeres. Desde que soy niña he anhelado un estilo de vida especial para mí. Veo como pasan los años por mi cuerpo y siento que mis sueños no se cumplen y comienzo a desesperarme. Yo quiero casarme, tener muchos hijos. Esa es la vida para la que me han educado. Esa es la vida que quiero. Te amo, no sabes cuánto te amo, pero nunca dejaré de pensar que no estoy siendo honesta contigo porque en mi corazón siento que debo seguir buscando mi felicidad. Tal vez quise refugiarme en tu amor, pero siento que no estoy siendo justa contigo. Yo no soy lesbiana”.

Y entonces terminamos. Decidimos seguir siendo amigas, pero poco nos duró el intento. Mi corazón ardía de dolor al verla tan cerca de mí y ya no poder tocarla, rozar su pelo con mis dedos, tomar su cintura distraídamente mientras contemplábamos el escaparate de una tienda, mirar sus ojos radiantes y perder la noción del mundo que nos rodeaba, o simplemente decirle te amo casi en un susurro para que nadie nos escuchara, para que nadie fuera testigo de ese amor que era sólo nuestro y era el más grande de todos.

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La mujer libra Libra puede ser tan delicada como un vaporoso conejito blanco y su voz un dulce susurro persuasivo, puede vestirse con sedas y encajes y llevar el pelo fragante de colonia. Hasta puede parecerte una muñequita que puedes levantar con una mano. Pero con toda su feminidad, la dulzura de sus modales y el encanto de su gracia, esta muchacha se encuentra sorprendentemente cómoda vistiendo pantalones, y además le caen perfectamente. Sus procesos mentales siguen una lógica masculina y en cualquier discusión pueden estar a la altura de los tuyos o superarlos, aunque no permitirá que te enteres hasta que termine la luna de miel. Durante el “apareamiento” se guardará muy mucho de ganarte una partida de ajedrez, pero no lo ocultará mucho tiempo, en el momento preciso te veras enfrentado con el despliegue de su potencia cerebral. Su ingenio sale a relucir tan pronto se les presenta un tema que ofrezca la más mínima posibilidad de discusión. Una chica libra es capaz de empezar sola un altercado, seguirlo sola y terminarlo sola, majestuosamente. Y tus únicas incursiones serán “porque?” o ” a mi no me lo parece”, no necesita más para lanzarse a un monólogo que puede durar una hora o mas. Mientras dure, sin embargo, es posible que te sientas inundada por su encanto. Cada tres oraciones mas o menos se encenderá esa deliciosa sonrisa, insoportablemente, hasta que termines cambiando de opinión. Te convencerá con la lógica más pura y mas clara. Y por lo general tiene razón porque sus decisiones son sopesadas cuidadosamente. Aparte de esta tendencia típica de su signo a pesarlo todo dos veces para no equivocarse, puede ser una mujer estupenda para una mujer que se sienta atraída por el amor y el compañerismo. La mayoría de chicas de este signo trabajan antes y después de casarse. Buscan el dinero por las cosas bellas que con el se pueden comprar. Las Aves libra necesitan montones de hermosas plumas para su suntuoso nido. Les gusta la ropa buena, los perfumes caros, la música clásica… y necesitan montones de dinero para alejarse de los ambientes deprimentes y discordantes que pueden hacerlas caer enfermas emocional y físicamente. Pero hay otra razón por la que trabajen y esa es su pareja. Si hay una cosa que atesora por encima de todas en este mundo es a la mujer a quien decidió amar, honrar y domesticar. No sabe jugar sola y las sociedades constituyen su más autentica necesidad. Para ella estar en pareja es una empresa conjunta y las reglas son estrictas, tu eres la presidenta y recibes los honores, ella es la presidente del consejo que impedirá que la presidenta cometa errores. Por término medio son muy intelectuales y están dotadas de sorprendente poder para el análisis que te puede ser realmente útil para resolver problemas de negocios. Rara vez deja que sus emociones le impidan llegar a una decisión desapasionada y por esto podrá asesorarte mejor que tu banquero. Las gratificaciones que puede darte la convivencia con ella son muchas. Jamás abrirá tus cartas, jamás revelará tus secretos comerciales o te pondrá en situación incómoda delante de tu jefe, incluso es posible que con su sonrisa, le someta a el también. No te quejarás por la falta de demostraciones físicas de su amor, porque es tan sentimental como el encaje antiguo. Es posible que tu hogar parezca uno de esos anuncios de las revistas con un alfombrado de pared a pared, los colores serán armonizados y los muebles de buen gusto. Los cuadros colgarán derechos y las comidas se servirán a la hora en punto. Aparte de eso puedes contar también con servilletas de hilo, platería, velas encendidas, vino, buena música y un menú equilibrado. Que más puedes pedir? La suavidad de sus modales y su serena capacidad para refrescarte la frente afiebrada pueden hacerte pensar que libra es débil y desvalida o que se mostrará temblorosa y femenina en momentos de crisis. Te equivocas de medio a medio, está compuesta por nueve partes de acero. Se te escapó el detalle cuando ganabas al ajedrez? Pues cuando haya una situación de emergencia en la familia abre los ojos y veras quien lleva el timón. Como madre amará y cuidará tiernamente de sus hijos, pero ellos irán después que tu, piensa que son los socios minoritarios, en cambio tu, eres la presidenta. Les dará un trozo de su corazón pero jamás dejará que se adueñen del que te entregó a ti. Que toda mujer podría tener el porte de una princesa cuando la llevas al baile, y después en un abrir y cerrar de ojos, atarse las botas ponerse el mono de leñador y ayudarte a cortar la leña para el fuego? Le sobra gracia para lo primero y fuerza para lo segundo…

Adaptado del Libro “Los signos del Zodiaco y el Amor” de Linda Goodman

Historias de Lesbianas - 7


Volver a los dieciseis

“Ocurrió cuando yo tenía dieciséis años y cursaba tercer año medio. El período escolar se había iniciado hacía ya una semana y cuando ya nadie esperaba algo nuevo que nos salvara de la rutina llegó Amanda. ¿Qué era lo que me estaba ocurriendo? No lo sabía”.

Escudriñando entre los diversos archivos, recortes de prensa y fotografías de temática lésbica y gay que mi amiga Catalina colecciona y amontona en forma sistemática en los espaciosos cajones de su escritorio, me encontré con un reportaje vivencial que se titulaba “Ambigüedad total”, el cual se refería a la última moda pendeja (según el periodista) del carrete gay lésbico. El artículo relataba las acaloradas tardes de domingo de una disco santiaguina, en donde los adolescentes gays y adolescentes lésbicas, daban rienda suelta a sus pasiones.

No era la primera vez que me encontraba con un reportaje de este estilo. Una vez leí algo así como “t.A.t.U, las rusas que tienen a las lolitas viviendo su bisexualidad sin tapujos”. Por supuesto que una cosa así en mi época de colegio (estoy hablando de principios de los noventa), habría sido impensable. Es más, creo que en ese entonces la mayoría de nosotras ni siquiera manejaba el concepto de lesbianismo, ya que el tema de la homosexualidad en general se reducía a la burda y afeminada imitación del “colita” que hacían los humoristas de la época y para qué decir de las lesbianas, que ni siquiera se mencionaban.

- Catita, ¿no sientes como si alguien nos hubiera robado esa etapa de nuestras vidas? - pregunté a mi amiga que en ese momento luchaba por pegar en la pared un desteñido póster de Marlene Dietrich.

- ¡Por supuesto que nos la robaron! Por eso debe ser que siempre me quedo mirando como tonta a las liceanas en uniforme

- Bueno, yo también las quedo mirando - le confesé con cierto pudor

Aclaremos que no soy una sicópata que anda por las calles mirando las piernas y pechugas de las niñitas con uniforme. Lo mío es más nostalgia que otra cosa. Y es nostalgia porque cuando yo estaba en el colegio también me enamoré de una compañera, de mi mejor amiga, pero tuve que callar con el dolor de mi corazón lo que sentía por ella, porque en ese entonces ser distinta era una vergüenza, era lo peor que le podía pasar a una adolescente que sólo quería encajar en el grupo y ser aceptada. Tuve que callar. Hasta ahora.

Ocurrió cuando yo tenía dieciséis años y cursaba tercer año medio. El período escolar se había iniciado hacía ya una semana y cuando ya nadie esperaba algo nuevo que nos salvara de la rutina llegó Amanda. Su papá, que era carabinero, había sido trasladado a nuestra ciudad hacía sólo un mes, por lo que Amanda aún no tenía amigos. Me bastó verla sentada tímidamente en una de las bancas de patio, con su impecable uniforme recién comprado, para que todo el mundo a mi alrededor desapareciera y mi universo se redujera a sus grandes ojos claros. ¿Qué era lo que me estaba ocurriendo? No lo sabía. No podía explicar por qué su cabello largo me parecía el de un ángel calcado de las más celestiales pinturas, por qué su andar dejaba tras de si los más dulces perfumes, por qué su piel me parecía la más hermosa que una niña de dieciséis años podía tener, por qué su voz y su risa acaparaban toda mi atención y por qué ahora lo único que quería era ir al colegio. Nada sabía.

En ese entonces, como ya dije, la palabra lesbianismo no tenía ningún significado para mí y la homosexualidad, en general, era un concepto borroso del que nadie hablaba.

Mi primera misión fue hacerme su amiga a cualquier precio, tarea que se me dificultó por ser Amanda una de las más bonitas del colegio, con una popularidad creciente entre el género masculino. Fiel al dicho “quien te quiere te aporrea” empecé a tratar de ganar su atención empujándola, molestándola y tirándole el pelo. Obviamente, con mi inmaduro comportamiento no buscaba seducirla. Sólo quería que se fijara en mi. Sólo quería salir del anonimato y pasar a ser su amiga, su amiga especial, la mejor.

Lo bueno es que todo este comportamiento infantil dio resultados y un día Amanda se meacercó y me dijo “¿Y por qué en vez de pelear tanto no somos amigas?” Dicho y hecho.

Un meses me demoré en conseguir mantener con ella un fluido intercambio de cartas en las cuales nos contábamos todo lo que una niña puede sentir en su corazón de adolescente. Dos meses en que me llamara sólo a mí para irnos juntas a las fiestas. Tres meses me tomó sentarme a su lado en la sala de clases y ser su única confidente. Nunca había sido más feliz.

¿Qué era lo que sentía por ella? Sentía la inmensa necesidad de estar a su lado todo el tiempo. Mi mañana sólo comenzaba cuando la veía aparecer por el portón del colegio con su andar sinuoso, saludando al inspector y cosechando piropos a su alrededor. Cada minuto con ella era mágico, cada palabra surgida de su boca era la precisa y la correcta. Si me miraba yo caía a sus pies. Si me abrazaba me sentía desfallecer. Pero aún así no me daba cuenta de mis verdaderos sentimientos por ella. O mejor dicho, no quería darme cuenta de lo que en realidad sentía.

Hasta que con los primeros calores de la primavera me llegó la gran revelación. Estabamos en clases de gimnasia, preparándonos para comenzar una “interesante” y “entretenida” sesión de flexiones y elongaciones, cuando Amanda hizo su ingreso al gimnasio. Mientras pedía disculpas a la profesora por su atraso, comenzó a sacarse su pantalón de buzo, quedando sólo con unos diminutos y ajustados shorts blancos que nada dejaban a la imaginación.

Por primera vez, después de todos esos meses, pude ver algo más que esa pequeña fracción de piel que queda entre la falda de colegio y las medias grises. Sus piernas eran largas y tonificadas, con un bronceado natural que nada tenía que envidiarle al obtenido en el mejor solarium. Un pequeño e imperceptible calor recorrió mi rostro.

En ese momento supe y tuve la absoluta certeza que mi mayor deseo era poder tocar su piel y, por qué no, todo su cuerpo. Y entonces lo supe por fin: lo que sentía por mi amiga era una incuestionable atracción sexual.

Entonces comenzó mi sufrimiento. Amanda se volvía cada vez más popular y entre sus pretendientes se encontraban los chicos más codiciados del colegio. Ella, como típica niñita que sabe lo que tiene, se hacía de rogar y rechazaba la compañía de sus admiradores, manteniéndome a mí como su única y fiel compañera de andanzas.

Hasta que llegó la última fiesta del curso antes del verano. Una compañera había cedido su casa para tales efectos y como sus papás estaban fuera pudimos dar rienda suelta a la diversión.

Amanda estaba preciosa. Consciente de su requerida belleza, había elegido para la ocasión una seductora polera roja escotada y unos ajustados jeans. Desde un rincón la veía bailar con mis compañeros. Desde la oscuridad y con un vaso de vodka naranja, la veía disfrutar de la noche sin mí. Oculta de todos los demás, contemplaba ese cuerpo que nunca podría tener, miraba su boca que era la eterna negación de un beso.

Sin poder resistirlo y con varios vasos de vodka en mi cuerpo, corrí a la pieza más cercana y me encerré a llorar. Alguien entró justo detrás de mí. No me importaba que me descubrieran llorando. Total, nunca falta una excusa para hacerlo, menos si estás borracha.

- ¿Qué te pasa? ¿Te sientes bien? - me preguntó Amanda mientras despejaba el cabello de mi cara y trataba de buscar mis ojos.

Sin contestarle la abracé con fuerza y lloré con toda la rabia de mi corazón roto. ¿Qué esperaba yo de ella? ¿Qué podría ella darme? ¿Qué podría entregarle yo? Nada. Entonces recapacité y me di cuenta que, aunque ella así lo quisiera, yo nunca sería capaz de pasar por encima de todos los convencionalismos de la época y por encima de mis compañeros de curso para tener una relación lésbica. ¿Para qué sufrir entonces? Sin aflojar el abrazo que nos unía y como queriendo aferrarme a lo poco que de ella me quedaba, deslicé en forma irracional e inconsciente los dedos de mi mano derecha por debajo de su blusa, sólo unos centímetros por su espalda, nada terrible, nada sospechoso. Pero ella lo supo todo en ese momento. Su cara se cubrió con una mezcla de asco y decepción y sin siquiera mirarme a la cara me dijo “¿volvamos a la fiesta mejor?”

Sí. Cada vez que veo a las niñas con uniforme y cada vez que leo de esta supuesta apertura sexual adolescente, me pregunto si las cosas habrían sido distintas para mí si hubiera nacido diez años después. A lo mejor ahora no me complicaría tanto con el tema. A lo mejor no habría tenido que esperar un cuarto de siglo para decidirme a ser feliz. A lo mejor… tantas cosas. Pero de nada sirve lamentarse. La edad es un detalle y sólo de mí depende recuperar el tiempo perdido. Además, sólo tengo veintiséis años… ¿cómo sé si en una de esas una chica de dieciocho toca mi puerta? Nunca se sabe. Aunque, sinceramente, las prefiero mayorcitas.

Posted by tomas_e at 15:36:15 | Permalink | No Comments »